Tus ojos me miran como al infinito. Me miran y atraviesan. Y diviso en tu cara que tu mirada ve a través de mí. Como si el mundo estuviera ahí fuera y yo fuera tus gafas de color.

No creo que te fijes en mi peinado ni en mi cara recién levantada. No creo que te fijes en mis lunares como pretendiendo dibujarlos a ciegas más tarde. Es imposible que esos ojos estén prestando atención a los detalles. Sencillamente me estás flechando el alma para darme la sensación de ser tus gafas.

Me pregunto qué verán esas pupilas cuando estamos a un suspiro. Y cómo hacen para volver a concentrarse cuando se despistan con tu sonrisa. Me pregunto por qué tu mirada con la mía. Y a veces me pregunto si sabes que mirar con mis colores puede ser un dolor de cabeza.

Y otras veces pienso en que nadie ha visto con mis ojos, en que nunca he visto unos como los tuyos, en que, veamos como lo veamos, todo en tus ojos sabe a nuevo. Y hasta los silencios hablan en colores que no he visto, que sencillamente intuyo en tu mirada, cuando al verme miras el mundo con mis gafas.

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