Mi inquietud a la hora de la siesta. Un flechazo inesperado que le quita el polvo a la parte que más olvidaba de mí.
Parecen tan distintos a nosotros, quizás porque lo sean, quizás porque nos parecemos tanto que nos da algo de vergüenza.
Son el test viviente y latente de la línea que separa el bien del mal, la muestra microscópica de nuestra evolución que pasará a la historia.
Son nuestra mejor creación, nuestro auténtico tesoro. Son alas desplegadas buscando corrientes de aire y marejadas kamikazes desesperadas por chocar con nuestras rocas.
Son un tremendo dolor de cabeza y la medicina que has de tomar para mitigar tus dioptrías, las que no te dejan mirar más allá de tu dedo apuntando al infinito.
Son ruido y música. Infinita sabiduría. Verdades y mentiras.
Son la más pura verdad de quien guardas en tu interior. Y entre todas las bestias, tienen el único miedo racional: llorar en soledad…

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