Ayúdame a dibujar castillos tan altos como los lugares a los que me llevas.

Llévame de la mano a dar saltos por los tejados de tu ciudad o la mía.
Agárrame fuerte delante de las fotografías de nuestra mente y, sobre todo, nunca me sueltes.
Acompáñame a estar locos y a poner los ojos en blanco cada vez que nos planteamos la cordura.
Cíñete al guión antisistema de nuestra república del impulso.

Sopla las virutas de goma de estos castillos, que nadie venga a borrarlos sin escalera. Asómate a la ventana y cuenta, sin perder un detalle, lo poco convencional de esta historia de amor que no se cree nadie.

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