Aquel viaje que nunca hicimos. Quería cruzar el océano contigo. Por primera vez. Aunque en realidad no quería ir a ninguna parte, solo quería estar contigo. Pensé que en tu afán por irte lejos yo podía tener algún papel. Creía que en cualquier otro lugar no iban a quedar distracciones, que todo lo que nos iba a bastar era a ti y a mí.

Contaba con la idea de chocar a todas horas. Quizás pelearnos más de lo debido. No sé si para reconciliarnos, no sé si para dejar de quererte. Contaba con todo eso. Dibujé tormentas de verano en el mapa antes de tiempo.

Imaginaba tus mareos en aquellos tres días en barco. Yo riendo y tú flechándome con tu mirada de falso odio, diciéndome sin palabras lo fácil que hubiera sido volar. Ya nos veía corriendo para coger el tren, sin apenas haber dormido, sin tener muy claro dónde íbamos a hacerlo. Nos veía tan nítidos, ya con la luz del sol de agosto.

Me apetecía ver Madrid. Supongo que te habría dado igual, pero por descontado te habrías quejado después de tus tantas visitas exprés, solo para echarme en cara mi curiosidad de viajero principiante. Pasear por Gran Vía, quizás ver un musical, puede que perdernos en El Retiro. Me apetecía tanto.

Al pensarlo la distancia comenzaba a darme pánico, por eso me imaginaba todo aquello en movimiento. Me imaginaba cansarnos de la ciudad y volver en busca del mar. Huir hasta Valencia. No olvidar que veníamos del mar. Dejarnos acariciar por la brisa, esquivar el calor. Aquel viaje que nunca haríamos…

Pensé que ya en Valencia se nos olvidaría quiénes éramos en aquel otro lugar. Allí no nos conocería nadie. Si habíamos sobrevivido a Madrid y a nuestro malhumor de por la mañana parecía que todo podría ir bien. Qué bien estaría poder ser nosotros sin nadie mirándonos.

Habría llegado hasta Barcelona en pleno agosto. Con todo olvidado. Incluso las ganas que tendría de volver a casa. Se me habría escapado el tiempo entre las manos, solo pensando en que al irnos se acabaría todo. En aquel viaje que nunca hicimos me moría de ganas. Solo pensaba en que sería tan sencillo besarte donde nadie te conocía. Sería tan sencillo que pasara y no volver a mencionarlo nunca más. Cómo no olvidarlo.

El viaje de vuelta hubiera sido la eterna despedida, con septiembre ya mirándonos de reojo. Agotados por aquella vida paralela. Tú durmiendo en una incómoda butaca por hacernos los remolones y no dormir en una cama. Yo observándote soñando, echando de menos con antelación ese gracioso ruido que haces al respirar mientras duermes, escuchando tus conversaciones en sueños que a veces me disparaban al corazón. Pensaba en la pena que me daba volver de aquel viaje que nunca hicimos, habiéndome quitado una espina del corazón, habiendo resuelto todas las dudas que tenía sobre cómo era besar a quien había amado como a nadie.

Llegar a tierra y despedirnos en un frío abrazo. Como si nada hubiera pasado. Eso hubiera sido todo. Tanto por haber vivido. La gente solo sabría que nos habíamos ido de viaje. Si hubiéramos ido. Si no nos hubiéramos arrepentido. Si tú hubieras sido menos tú, yo no tan yo. Si hubieras querido. Yo no habría podido decir que no.

Madrid se quedó sin canciones, Valencia sin paseos, Barcelona sin sueños. Se quedaron en cero. Como tú y yo ahora que ni nos vemos, que ni hablamos, que ni sabemos. Tú eras de irte lejos, yo de quedarme contigo. Tan nosotros que por eso nunca nos fuimos.

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2 comentarios en “Aquel viaje que nunca hicimos

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