“Esta historia se queda a medias. Digo a medias porque quiere arrastrar la buena esencia de ‘Novenio’, pero no puede alcanzarla. No puede porque está cortada a medida, donde empieza y donde acaba, como un traje que aparentemente no da para más hasta que algún día se haga trapos. Hasta que un día solo valga como una historia a medias.”

Si alguna vez tuve una historia de amor, esa fue la tuya. Hasta ahora, que ya no me paro a pensar en ti por las noches o que no te veo antes de cada cara que intenta conquistarme, me veo obligado a decir que mi única historia de amor fue la tuya.

Hasta tú me decías que no era así con bastante poca convicción, como si supieras que en el fondo había sido una historia de amor tan larga como estúpida, tan apasionante como inexistente.

Tú tienes un verdadero principio y cualquiera que me haya sufrido habrá oído esa historia, sin quererlo, al menos mil y una veces. Aquella noche que pasamos sin dormir, o eso diré para hacerme el interesante, cuando de hecho dormimos al menos una hora cuando ya incluso había amanecido. Allí nos cazamos sin armas y morimos desprevenidos ante la sorpresa del uno frente al otro. Quizás la noche más corta de mi vida.

Recuerdo tu historia a la carrera. Una yinkana extrema negando lo evidente de domingo a domingo. Recuerdo no haber dormido y recuerdo no haber tenido sueño. Recuerdo que parecías tan posible que por primera vez estar despierto venía a ser el sueño.

Nunca he sido de cine clásico. Ni de buen cine. Ni siquiera de cine del malo. Solo había sido del de público desengañado, algo mal visto, sin éxito de crítica, pero puramente apasionante. Tú eras tan de obra maestra, análisis y trascendentalismo que solo por ser tú me pareció el blanco y negro el mejor de los arco iris.

Me diste tantas imágenes con las que escribir que se me desbordó el álbum de los buenos recuerdos. Se me desbordó hasta el enfado. Hasta el enfado por no poder besarte cuando empezó a llover. El enfado y la derrota en aquel primer sorbo de alcohol. Se me desbordó la vida cuando al día siguiente me dije que podía empezar de cero.

Ahora que me paro, lo pienso y lo escribo. Me doy cuenta de que fuimos dos historias de amor. Precuela y secuela. Superproducción y corto. Aquella semana en la que me dije que podía intentar besarte en solo siete días. Aquel domingo en el que me dije que valdría la pena intentar enamorarte durante al menos unos dos años más. Empecé de nuevo y me lo tomé con calma. Tanta que se me pasó el tiempo enamorándote y enamorándome sin botón para deshacer, sin tiempo para terceras partes. Toda mi energía se fue en ti como quien invierte en amor para mañana por no darme por vencido aquel domingo sin rebajas ni degustaciones de regalo.

Porque era domingo aunque me diera cuenta algo tarde. Porque me dije a mí mismo que iba a besarte aquel sábado por la noche y se me hizo tarde. Porque ya eran las dos de la mañana del domingo. Porque caían mis esperanzas en picado cuando empezó a diluviar, cuando tu taquicárdico corazón me pidió parar. Porque ya era más de medianoche y no estaba escrito besarte mañana.

Tengo más recuerdos contigo que días he vivido, y sin embargo no alcanzo a juntarlos del todo. No alcanzo a medir las toneladas de amor que me jugué porque hasta a mí se me escapó la cuenta. No lo alcanzo porque solo recuerdo lo que lloré cuando te fuiste. Lo que lloré y no me dejó ver con claridad lo que pasó antes.

Era de llanto esporádico. Tú me hiciste olímpico. Gané todas las medallas la misma semana en que te fuiste. Y cuando me viste llorar me hiciste creer que era estúpido por hacerlo, dando pistoletazo de salida al complejo complot entre quien conocí y quien ibas a ser para prender fuego a cada seña de amor que pudo quedar en nuestro desierto.

Si alguna vez tuve una historia de amor, esa fue la tuya. Estoy tan seguro como lo estoy de respirar. Estoy tan seguro porque ahora recordarte duele. Duele de la manera amarga que quisiste dejar con tu estela… Duele porque borraste cada buena historia que dejaste atrás, como si quisieras que doliera hasta la raíz. Te quisiste ir por la puerta de atrás y bombardeaste la puerta grande. Querías demostrarme que estaba loco de desamor y me dijiste que te estaba haciendo daño.

Un dolor curioso el que debía generarte que yo me quedara cuando tú te ibas. Un dolor cobarde y silencioso el que debía estar suministrando a tu piel cuando te prometí no pararme ni tampoco olvidarte. Debí hacerte tanto daño que vino de vuelta contra mí sin esperármelo. Tuve que haber sido loco, desalmado y cruel, porque ni lo recuerdo ni me arrepiento. Tuve que haber sido todo eso que dijiste de mí y que lamentas en otros oídos cuando hablas del porqué de nuestros caminos separados. Tuve que haberlo sido todo si así todavía lo piensas, porque contigo jamás fui yo solo a medias.

media-naranja-o-manzana

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