Ya a mi edad he visto muchos muertos vestidos de blanco.

Cuando me miro en el espejo vestida de blanco entiendo que no sé vivir de otra manera, que solo respiro por estar a un último paso. Empañado el cristal escribo a mis bodas pasadas. Tan perfectas y tan tristes que son incomparables a mi presente.

Desfilo en el pasillo entre las fotos de mis listas de amores. Me miran sonrientes como cuando eran. Como si yo fuera. Aunque no.

Vuelvan a buscarme. Una cura de fe. Devuelvan lo que se llevaron de mí. Lo que me robaron cuando estaban, sin quedarse. Que estoy rota, en blanco.

He visto funerales de blanco sin llegar a vestirlos. Y aun así he andado por ellos, he amado en destinos escritos. Vuelvan a contarme lo que les dije. A recordarme. Vuelvan a decirme que amé sin medida y se fueron sin mí.

No sé vivir sin creer. No sé amar desde ayer. Dolor. Amnesia. Díganme cómo lo hice con ustedes. Cómo pude olvidar y seguir. Cómo pude. Aunque lo hiciera cuando se fueron. ¿Cómo?

Nunca me había visto tan guapa de blanco. Nunca me había visto tan triste de gris. Nunca. Y ellos no vuelven a salvarme. Del amor que me tocó. Al que ellos me hicieron inmune. No vuelven.

la novia

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