Te esperó todo un acto interminable hasta el intermedio. Con sus labios serenos sin alcohol contando días desde antes del año cero, coleccionando tus fotos de internet distantes y adictivas. Solo un día de palabrería, solo un día en el que te conoció y no te ha vuelto a olvidar. Toda una noche que se perdió por ti esperando en vela a que bajaras la guardia. Y desde entonces te espera, te implora que vuelvas, araña tu puerta en tu cumpleaños, bromea con tu tontería y espera tu risa de vuelta. Desde entonces distante, desde entonces invisible. No te ha vuelto a ver y le desespera. Le desespera un año sin ti, un último pase sin público ni guión. Murió de pena esperando tu vuelta no prometida, esperando las respuestas de San Miguel. Murió el desencanto de tu beso en su mejilla que no significó nada más allá del 1 de enero. Murió al no verte de nuevo en aquel mismo encuentro, murió de sueño al no dormir la víspera del primer aniversario sin verte. Diagnosticaron su pérdida como víctima de una ilusionada traslación.
translación

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