Aquí yacen nuestras últimas palabras bajo el silencio de nuestros años. Aquí el corazón se hizo mayor y le ganó la batalla dialéctica a la vergüenza. Aquí es el sitio del que casi siempre escribo porque aquí siempre estarás tú con tu partida, con tu momento, con mi insólita valentía tras el maníaco control en la cuenta sin tus días.

Aquí yacen aquellos absurdos fines de semana sin descanso, que terminaban por todo lo alto con aquellos idiotas lunes por la mañana esperando ante aquella puerta que siempre abrías tarde. Aquí yace un último diciembre antes de que comenzara el invierno, igual que casi herido de muerte yacía aquel junio sin que hubiera llegado el verano. Aquí yacen las palabras que nunca leíste ni me devolviste, las huidas a las menos cinco, lo imposible de cruzarme contigo con el estómago a derechas. Aquí yace todo todavía arraigado a mis pies, viéndome crecer sin superar tu partida ni nuestros cambios de dirección, sin cambiar de tema en nuestra eterna no conversación, aquí donde el invierno me adelantó a destiempo.

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